Neutralidad del terapeuta

El cliente viene a la consulta con una demanda, con un propósito.
Yo estoy ahí como terapeuta y me ofrezco a ayudarle a cruzar ese momento, la crisis.
Es su proceso, ofrezco mi presencia (¡que es todo!) y mis habilidades para apoyarlo, para escucharlo. Es lo que la vida quiere que sea ahora mismo.
En ese momento le estoy diciendo: ¡tú me importas! (sino por que voy a estar ahí?)

Y si,…si que hay una expectativa: aliviar ese dolor, ese sufrimiento.
Cuando estas presente ese sentimiento está promovido por la Compasión, el reconocimiento de la unidad de todos los seres.

Si realmente estoy presente no siento que tenga que satisfacer nada personal, no siento la necesidad de tener un logro para sentirme alguien o algo.
No proyecto la necesidad de calmar mi pena, apelar a mi sentido de la justicia o resonar con mis propios sentimientos de fracaso.
Si realmente estoy presente, no estoy con mis temas personales implicados.

Puedo estar contigo, con tu experiencia, con tu realidad; puedo ayudarte a purgar, a drenar, a soltar lo que emerge en ti en este momento.

No impongo lo que yo creo o pienso que tiene que ser. Ni creo ni pienso, dejo a la vida las riendas de lo que tiene que suceder, me abandono a ser su instrumento.
Puedo ayudarte a contener un espacio amplio en el que puedas explorar nuevas opciones, nuevos límites.

Cuando la sesión termina y el proceso se asienta, si ha habido un gran trabajo hay un sentido de satisfacción y alegría mutua, nos sonreímos y nos felicitamos, el esfuerzo ha sido importante y … aquí estamos, compartiendo en esta experiencia humana.

Cuando la mente cesa de albergar
cualquier noción de autoría o no autoría,
toda acción se convierte en no acción.

Ramesh Balsekar

El Ser hace en tu no hacer, cuando tú personalidad deja de hacer.

Rafael Martiz