Biodinámica Craneosacral

Entre los distintos modos de aproximación al trabajo terapéutico con el mecanismo respiratorio primario y las fuerzas que en él se expresan, la modalidad biodinámica tiene su énfasis en proporcionar las condiciones adecuadas para que el proceso terapéutico se despliegue y la Vida … la Salud se exprese en el cuerpo.

Proporcionar las “condiciones adecuadas” consiste principalmente en el refinamiento de las habilidades de relación y éstas están en función de la cualidad de la presencia.

Para “progresar” en este modelo de trabajo, es más importante aprender a estar presentes y confiar en el proceso terapéutico que tener más alimento intelectual.

Confiar en que el proceso está guiado por las directrices de la vida misma nos permite relajarnos para que éste sea bienvenido, apoyado y acompañado.

A prendiendo a dejar de intervenir, adquirimos la confianza de que la vida está a nuestro favor.

 

El principio Biodinámico

 

Aunque los signos clínicos o los patrones inerciales que podamos observar nos aportan una cierta información, no podemos decidir a priori un protocolo de tratamiento a seguir. Simplemente porque no sabemos cual es la prioridad y cuales son las necesidades y posibilidades del sistema en ese momento.

El plan de tratamiento es inherente al momento y es la Inteligencia de la vida misma el ánimo que guía el proceso. Es esa Inteligencia profunda que determina que-cada-cosa-sea-lo-que-es, la que hace la labor.

El proceso terapéutico es dinámico, el plan de tratamiento tiene que ver con el momento del terapeuta y del cliente, tiene que ver con la relación y con la cualidad de presencia del terapeuta… y del cliente. ¿Qué capa se hace disponible en este momento?, ¿qué recursos tiene el sistema ahora mismo?, ¿qué necesita y puede abordar?, ¿cual es su prioridad?,… La totalidad tiene su propio plan.

De hecho, en los estados de profundo aquietamiento, en la presencia, no hay quien trata y quien es tratado, lo que hay es un proceso de tratamiento que trasciende a ambos. En este contexto el proceso terapéutico se despliega por si mismo.

La propuesta biodinámica también entiende que para que exista una buena integración de resoluciones específicas “locales” se precisa contactar con ritmos más sutiles y profundos que el Impulso rítmico craneal. Sintonizar con la Marea de potencia y la Marea larga aportan al sistema la integración de los cambios particulares en un contexto de la totalidad del cuerpo.

Y finalmente… la quietud todo lo cura… la quietud todo lo sana..

 

Amplios horizontes

 

Algunas orientaciones sugieren cambios en el lenguaje, cambios que no solo tienen que ver con cómo nombramos las cosas, sino con cómo nos organizamos con respecto a ellas. Por ejemplo, utilizar la palabra tracción nos puede dar la sensación de un “hacer”, o estar metidos en la idea de hacer algo, de traccionar. En su lugar se hace énfasis en la cualidad del espacio. “Dar espacio” resuena más con “quitarse del medio”, con no intervenir proyectando expectativas o necesidades propias, se relaciona más con quitar todo eso del medio y mantenerse como observador del proceso que se despliega. Términos muy usados como direccionamiento de fluidos parece que alude a dirigir algo, y se habla de “animar” los fluidos en una actitud de pregunta (¿puedes? ¿es posible?), no de imposición.

El lenguaje es muy importante porque hace referencia a dónde ponemos la atención; cómo lo nombramos es también cómo lo interiorizamos:

Enfocarnos en la inercia es valorarla como algo, verla como una entidad, como si fuera alguna cosa, y de esa manera le damos energía, la validamos. Es algo así como que etiquetar algo da el soporte para perpetuarlo.

Teniendo una atención más abierta, más espaciosa, nos enfocamos en el potencial de Salud, en la fuerza de la vida que está en el fondo de toda experiencia.

La actitud es más de una invocación a que la vida se manifieste que de pretender quitar del medio los obstáculos. Una imagen puede ser, la diferencia entre tener la mirada enfocada en las nubes o percibir el inmenso cielo que subyace.

 Método directo – método indirecto

Otro de los temas en los que se aprecian los cambios o sutilezas con los que se desarrolla la terapia es en relación a las conversaciones o habilidades de diálogo con los tejidos y fluidos, o a la cualidad de la relación con un patrón inercial.

Tradicionalmente podemos diferenciar dos maneras de relacionarnos con el patrón inercial: el método indirecto y el método directo.

En el método indirecto seguimos los tejidos o fluidos en su dirección de facilidad… en dirección a la inercia… accedemos a un punto de tensión equilibrada… ¡algo ocurre!*… y … damos espacio… (los pasos que en principio tendrían que ver con la resolución de una pauta inercial)

Este es el procedimiento o método que hace años se ha estado empleando en el trabajo craneosacral con adultos.

El otro método es el directo – tradicionalmente de tracción o descompresión-.

Desde una perspectiva más biodinámica lo llamamos “dar espacio”, porque nosotros no descomprimimos nada. Esta dirección proporciona nuevas opciones de movimiento –en un sentido más amplio que el estrictamente físico-.

Este método directo es el que se ha usado tradicionalmente* para el trabajo con bebes y niños o con patrones antifisiológicos.

Finalmente las dos opciones desembocan en la cualidad del espacio como el acceso a la fuente de nuestro potencial curativo.

Entre el espacio y la contención.

Se han desarrollado formas de relación terapéutica más abiertas que proponen trabajar preferentemente con espacio.

Algunas interesantes apreciaciones con relación a esto son: por un lado, que el espacio es el principio sanador porque esa es nuestra naturaleza fundamental, por lo tanto el método directo es el que permite explorar los límites y las posibilidades y relacionarse (punto de tensión equilibrada) con “lo otro” en su límite de expansión.

Por otro lado, hay patrones inerciales muy potentes que parece que necesiten tocar su núcleo antes de poder apreciar una mayor amplitud de miras. Esto podría responder a otra máxima: y es que, en ocasiones, para entrar en la expansión hay que caer primero en el abismo.

Mucho espacio también nos puede confundir, podemos perdernos en las opciones porque no hemos mirado primero lo que hay, lo que nos amarra.

Si podemos expandirnos es por que hemos soltado algo, un lastre; el espacio nos quita “ataduras” y nos da conciencia.

Hacer terapia es poner conciencia donde no la hay y para ello quizá se tenga que procesar “algo”. Algo que soltar, algo que digerir, que madurar, que aceptar…

Con nuestro contacto y nuestra presencia se establecen límites. No los establecemos nosotros; nosotros ayudamos a reflejar el mapa para que la conciencia reconozca lo que hay y el sistema haga sus propios ajustes.

Muchos patrones fluctúan en unos límites sobre expandidos, hay inercias que tienen poco contenedor en una vida encarnada y que se reflejan en las relaciones: de unos tejidos con otros, de un órgano con otro, de una parte del cuerpo con otra, de la persona con relación a determinados aspectos de la vida.

En una inflamación sugerimos contención, ralentización y aquietamiento en las fluctuaciones laterales, pasar de la dispersión y la desorganización al aquietamiento y al centramiento.

Entre el ¡espacio y la contención!, dónde nos colocamos en una relación, donde buscamos ese estado de equilibrio?. En el “borde de fuera” damos espacio acompañando hasta el límite de expansión?, o acompañando en la dirección de facilidad, hacia el núcleo de la inercia, que es el límite de contracción?.

De las dos maneras buscamos acceder a un punto de equilibrio de ralentización, asentamiento y quietud.

La respuesta podría ser: procura estar presente… y no surgirán las preguntas.

El aquietamiento y la presencia son cualidades a cultivar para poder estar consciente y trabajar con el cliente en los niveles más integradores.

Esto es el corazón del trabajo… y de hecho la asignatura más importante para profundizar como terapeuta es estar presente y abandonarse al propósito de la vida misma.

Rafael Martiz.