Una experiencia terapéutica

En una vivencia reciente, de esas que ocurren alguna vez en la vida, he tenido una profunda comprensión que quisiera compartir con vosotros.

La experiencia es la de haberme sentido por unas horas un Gran Terapeuta; y con “gran terapeuta” no me refiero a algún logro que haya podido hacer yo mismo, o, a que yo haya hecho algo para serlo, quizá sea todo lo contrario.

  


La cuestión es que en ese momento en el que “trabajaba” era yo, pero a la vez consciente de que no era yo el que lo hacia, de que algo actuaba a través de mí. La verdad es que al final yo, mi yo personal, mi ego no ha sido nada ni ha hecho nada, únicamente me he sentido vehículo de lo que sí que es el Gran Terapeuta.
Mi experiencia es que el autentico y único terapeuta es el Amor que se manifiesta a través nuestro. Lo escribo con mayúsculas porque me refiero al Amor supremo, no al amor de necesidad y de deseo, sino al Amor pleno, al Amor que irradia, que es expansivo, que es incondicional, ese que se puede expresar a sí mismo sin miedo, sin inseguridad, sin pedir nada a cambio, ese que nos usa como cáscara o vehículo para manifestarse.

  

Quizá esto suene un poco ñoño o cursi; a mí personalmente me suena un poco así, pero cuando vives su manifestación, es aplastante, la fuerza y la compasión que hay en él es tan grande, tan sublime, que ¿qué más dan las cursilerías? quizá digamos ¡claro, ya lo sé!, pero una cosa es saberlo con la cabeza, saberlo porque lo hemos leído y lo encontramos bonito o interesante, y otra cosa es saberlo porque lo hemos vivido de verdad y hemos sido conscientes, o testigos de ello.
Creo, que en todo caso la llamada “neutralidad del terapeuta” es ser transparente para que esto pueda suceder.
El amor puro no pide nada, no desea nada, no tiene expectativas. No es que no sea nada; en el Amor hay una intención que nos lleva a algo, el Amor disuelve las fronteras entre tú y yo, las funde y nos acerca a la Unión. Y eso es todo. ¿qué hay más terapéutico que eso?. Es el acercarse a esa Unión lo más importante en esta vida, o si no ¿qué creemos que estamos buscando? ¿qué es realizarnos?.

Esto es difícil mirarlo y comprenderlo desde el ego, porque esa no es una cualidad del ego mismo, y esto al ego le sienta fatal, el ego quiere ser algo, quiere tener logros y ponerse medallas, sin embargo para que el Amor Esencial se manifieste, el ego tiene que ceder, y ceder lo único que creemos que somos es como morir.
Ceder es no poner resistencias, bajar la guardia y las defensas, ser permeables a lo que realmente somos, desnudarnos, quitarnos la armadura que nos separa de los demás.
Desde la vivencia del Amor, se entiende eso que tanto hemos oído, que todos los hombres somos hermanos.
La verdad es que aunque parezca una premisa hippie, creo que solo creceremos en la medida en que se disuelvan nuestros límites interpersonales.

La verdad es que si yo hubiera leído un texto como este años atrás, bueno, la cuestión es que lo he leído muchas veces, pero no lo había experimentado de una forma tan contundente; la sensación que me daba el oírlo era la de estar escuchando a un predicador ingenuo, a un beato o vete a saber que. Sin embargo, ahora, agacho la cabeza en señal de humildad y reconocimiento a “eso” que tanto he rechazado, y reconozco que esto lo he escrito yo. O por lo menos eso creo.
Bueno, he aprovechado este momento de inspiración y voy a mandar el escrito a ver si lo publican, antes de que la vergüenza, el temor y mi propia censura me impidan hacerlo.

y… no la mandé

El escrito está tal como lo redacté en el momento , con la euforia y la ingenuidad de la reciente experiencia.

Hace poco releí un libro de Thaddeus Golas “Manual de Iluminación para holgazanes”, creo que el único que ha escrito; y entre este arropamiento y quizá los años, me puedo sentir un poco más desvergonzado para editar esto. Aún así, no es un tema del que me sea fácil hablar ya que no es una experiencia estable, no está ahí siempre,… más bien poco.

Enero del 2002
Rafael Marti